"La señorita Connolly fue la única maestra a la que se le ocurrió decir que Standish era distinto a los demás porque era un crío original. Hector sonrió cuando se lo conté. Me dijo que él, personalmente, eso ya lo había captado al momento de conocerme. "Por un lado están los que piensan linealmente, y por otro lado estás tú, que eres como un golpe de brisa en el parque de la imaginación."
El verano del pasado año nacía un nuevo sello de Random House Mondadori con, más que un eslógan, una promesa. "De todos y para todos". Estoy hablando, como muchos ya sabréis, de Nube de tinta. Y es que ha nacido con un ímpetu, una ambición y una fuerza inauditos en el mundo editorial. Después de perlas como La lección de August o Bajo la misma estrella, ambos reseñados en este blog, este catorce de marzo han puesto a la venta su nueva apuesta. Hoy os traigo Las tres caras de la luna, de Sally Gardner.
La historia se sitúa a mediados del siglo XX. Bajo la oscura sombra de un severo gobierno totalitario conocemos a Standish Treadwell, un chico diferente y de una imaginación extraordinaria. La única familia que tiene nuestro protagonista es su abuelo pues sus padres desaparecieron de forma misteriosa, cosa que sucede a menudo en la Patria con los que distan de la ideología impuesta. Viven en la Zona Siete, la última y peor zona de todas las pertenecientes a la Patria. La comida y la calidez escasean tanto como proliferan las ratas y las desapariciones. Sin embargo, por muy oscuro que sea el cielo siempre hay estrellas y la estrella de Standish será su recién llegado vecino, Hector. En seguida nacerá una gran e inmortal amistad entre ambos. La Patria, mientras tanto, está elaborando un plan para simular que conquistan la Luna y, de este modo, demostrar al resto de las naciones su supremacía y poder.
Si tuviera que definir en una palabra Las tres caras de la luna sería "original". Sally Gardner ha conseguido crear una historia con una clara metáfora al régimen nazi, tema muy habitual en las novelas de ficción, pero con un enfoque diferente y atrevido. Desde el principio la narración adopta un tono de un fuerte carácter intimista y personal. A través de una aparente sencillez e ingenuidad infantil el protagonista nos relata como si de una reflexión se tratara sus vivencias en su miserable entorno. La autora nos presenta una distopía histórica que no se censura pero, lejos de dirigirse a la rendición, el protagonista resulta ser un rayo de luz en el oscuro régimen. Y Hector es la fuerza de Standish.
Teresa Petit nos decía que Nube de tinta "es un sello que pretende que el lector reflexione, dude, se emocione, tome partido. Y para eso le hemos de dar novelas únicas, especiales, sensibles, humanas, comprometidas". Las tres caras de la luna no ha sido menos y ha seguido la línea de esta premisa. Es un libro que se centra en los sentimientos y las emociones de los protagonistas y se describe escasamente tanto a la Patria como a sus rígidos y autoritarios funcionarios. Este elemento me recordó a la pintura de Francisco de Goya El tres de mayo de 1808 en el que los soldados franceses que se disponen a fusilar a los mártires españoles aparecen anónimos, deshumanizados, sin rostro.
El punto fuerte de la novela es, sin duda alguna, el protagonista. El carácter de Standish da vitalidad y color a la historia. Se trata de un personaje con una personalidad muy definida y que contrasta muy bien con su tétrico entorno. Es un chico que, pese a su semblante ausente e ingenuo, resulta ser decidido, valiente y con el propósito firme de cambiar las cosas.
La verdad es que la lectura, aunque no puedo decir que no me haya gustado, no me ha acabado de convencer. Si estuviéramos hablando de cine os diría que la novela de Sally Gardner es un cortometraje. Con una media de dos páginas por capítulo la autora no se detiene a relatarnos detalles y minucias de la historia sino que adopta la voz práctica del protagonista (resaltar las faltas de ortografía y disléxicas que comete voluntariamente para acercarse más a Standish) y, sin que el lector se dé apenas cuenta, va avanzando a través de la narración a un ritmo vertiginoso. Me ha dado la sensación de que toda la historia está hecha para el final impactante y cargado de emoción.
Otra cosa que no me ha acabado de gustar es el monopolio de los sentimientos de los personajes principales a lo largo de la narración, que hace que quede difuso el resto de elementos que forman la historia. Compararlo con el 1984 de George Orwell sería como comparar Dracula de Bram Stoker con Crepúsculo de Stéphenie Meyer. A la autora no le interesa reflexionar sobre el sistema totalitario ni la idea de la libertad sino en la psicología del protagonista y en como reacciona ante este régimen en un ámbito muy específico (la estafa de la conquista lunar). Además el final, aunque bueno, me parece incompleto. Quedan demasiadas incógnitas por resolver.
En conclusión, Las tres caras de la luna es un libro rápido, ligero y perfecto para reflexionar. Detrás de su aparente sencillez hay un trasfondo que se destapa en un final tan esperado como emocionante. Este libro me ha parecido original pero incompleto en todos los aspectos. Me quedo con el gusto amargo de lo que podría haber sido pero no ha llegado a ser.
El punto fuerte de la novela es, sin duda alguna, el protagonista. El carácter de Standish da vitalidad y color a la historia. Se trata de un personaje con una personalidad muy definida y que contrasta muy bien con su tétrico entorno. Es un chico que, pese a su semblante ausente e ingenuo, resulta ser decidido, valiente y con el propósito firme de cambiar las cosas.
La verdad es que la lectura, aunque no puedo decir que no me haya gustado, no me ha acabado de convencer. Si estuviéramos hablando de cine os diría que la novela de Sally Gardner es un cortometraje. Con una media de dos páginas por capítulo la autora no se detiene a relatarnos detalles y minucias de la historia sino que adopta la voz práctica del protagonista (resaltar las faltas de ortografía y disléxicas que comete voluntariamente para acercarse más a Standish) y, sin que el lector se dé apenas cuenta, va avanzando a través de la narración a un ritmo vertiginoso. Me ha dado la sensación de que toda la historia está hecha para el final impactante y cargado de emoción.
Otra cosa que no me ha acabado de gustar es el monopolio de los sentimientos de los personajes principales a lo largo de la narración, que hace que quede difuso el resto de elementos que forman la historia. Compararlo con el 1984 de George Orwell sería como comparar Dracula de Bram Stoker con Crepúsculo de Stéphenie Meyer. A la autora no le interesa reflexionar sobre el sistema totalitario ni la idea de la libertad sino en la psicología del protagonista y en como reacciona ante este régimen en un ámbito muy específico (la estafa de la conquista lunar). Además el final, aunque bueno, me parece incompleto. Quedan demasiadas incógnitas por resolver.
En conclusión, Las tres caras de la luna es un libro rápido, ligero y perfecto para reflexionar. Detrás de su aparente sencillez hay un trasfondo que se destapa en un final tan esperado como emocionante. Este libro me ha parecido original pero incompleto en todos los aspectos. Me quedo con el gusto amargo de lo que podría haber sido pero no ha llegado a ser.
Editorial: Nube de tinta. Nº páginas: 207. Precio: 14,95€