"Tardé muchos años en comprender a mi madre. Ella era palestina, había nacido y crecido allí lo mismo que sus antepasados compartiendo aquella tierra con otros palestinos de los que sólo la diferenciaba la religión, pero eso nunca había sido un inconveniente. Había vivido bajo el dominio del imperio otomano y su primer esposo había muerto defendiendo aquel imperio. Ella no tenía nada contra los turcos a pesar de todo el sufrimiento que nos habían causado, lo mismo que los ingleses. En realidad para mi madre el gobierno de Palestina había pasado de manos turcas a manos británicas sin que eso le produjera ningún quebranto. No comprendía el afán de aquellos pioneros que anhelaban una nación. Ella se había dejado llevar por la corriente, sólo aspiraba a vivir, amar, ver crecer a sus hijos y morir. Todo lo demás se le escapaba de las manos".
Me enamoré de Julia Navarro con su obra maestra Dime quien soy. Aún recuerdo cómo me absorbió durante las semanas que viví las aventuras de Amalia. Cuando algún amig@ me pide consejo porque no sabe qué libro leer o qué libro regalarle a algún familiar o amigo no lo dudo un segundo: Dime quien soy. Una historia bien construida, con su dosis de romanticismo, familia, Historia, política y todas esas cosas que componen nuestra vida. Una historia que podría haber sido perfectamente la de nuestra abuela. Con un final inesperado, genial, de esos que dejan al lector con la boca abierta. Y la verdad es que todo el que me ha hecho un voto de confianza y se lo ha leído me ha dado la razón. Todos sin excepción. Es por eso que cuando me enteré, por una casualidad de esas que dan que pensar, de la salida a la venta de su nueva novela no me lo pensé ni un segundo. Hoy os traigo Dispara, yo ya estoy muerto, de Julia Navarro.
Cuando lo fui a comprar (la misma mañana del 29 de septiembre que los aparadores de las librerías se despertaron vestidos con los colores de esta preciosa portada) observé que cada vez que alguien leía el título de esta obra, iba a la contraportada por si esa diluía el misterio que desprende. Y, decepcionados, no tardaban demasiado en leer las seis escuetas líneas de la sinopsis. Tras el enigmático título encontramos la historia de dos famílias. Por un lado, la familia Zucker, judíos rusos que tuvieron que emigrar de Rusia en el tiempo del zar por los pogromos que sufrían allí. Samuel Zucker decide ir a la "tierra prometida" que sus ancestros tuvieron que abandonar dos mil años atrás: Jerusalén, en aquel tiempo anexionado al imperio otomano. No tarda en nacer una gran amistad entre él y la segunda familia de la que trata la novela: los Ziad, musulmanes y palestinos, muy arraigados a la tradición y a la tierra.
Dime quien soy supuso una ruptura en la bibliografía de Julia Navarro. Aunque todas sus novelas son históricas, las tres primeras son más de aventuras mientras que Dime quien soy es más familiar. Dispara, yo ya estoy muerto ha seguido mucho la línea de ésta última. Estamos hablando de un libro que combina a la perfección la literatura histórica -comprende desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX- con la familiar. Además, comparten la característica de que toda la historia se narra por otro personaje en la actualidad. En Dime quien soy eran testigos y conocidos que le hablaban al protagonista de su abuela. En este caso se trata de Marian que, trabajando por un ONG y con el objetivo de realizar un informe sobre el problema existente hoy día entre judíos y palestinos, visita a un defensor de la política de asentamientos. Éste se encuentra ausente y no tiene más remedio que entrevistar a su padre, un anciano llamado Ezequiel Zucker, que le empieza a contar la historia de su familia. A partir de lo que narra éste y con Marian complementándolo con la información que sacó de una entrevista que hizo a la familia Ziad irán tejiendo la historia. Si bien en ambos libros me ha agradado, y mucho, este elemento, debo confesar que en Dime quien soy me pareció más natural.
Me llamó mucho la atención la relación que mantienen los Ziad y los Zucker con las circunstancias de la Historia cuyas complejidades harán de esta amistad única y peculiar, con sus subidas y sus bajadas. Atendiendo a la narración familiar Julia Navarro entiende perfectamente al lector y yo, que soy propenso a hacerme un lío con los nombres de los personajes -mi terror en los libros de género familiar-, no me confundí en ningún momento. La autora identifica de una manera tan elegante y firme a cada uno de los personajes que resulta imposible perderse. Por poner un ejemplo, para leer una obra maestra como "Cien años de soledad" lo debía hacer con el árbol genealógico al lado y aun así me perdía.
Pero, sin duda, lo que me gustó más es que la autora no cae en el error de otros escritores de literatura histórica que toman partido en los temas que tratan. El hecho de que la novela siga la historia de esas dos familias no es una casualidad: una es judía y la otra musulmana, una es inmigrante y la otra palestina. A lo largo de esos dos siglos y aún hoy hay confrontaciones entre las dos culturas. En esta novela, desde los dos puntos de vista y conservando la imparcialidad en todo momento, narra el origen de esta confrontación que aún hoy vive. Aunque hay partes de la novela que se desarrollan en San Petersburgo y París, también me ha servido para saber lo que se vivió en Palestina durante esta parte de la Historia, me di cuenta de que desgraciadamente solo nos enseñan la Historia "occidental" en el colegio.
Con una pluma muy cuidada y sensible vamos avanzando a través de las distintas generaciones que se suceden en ambas familias hasta llegar a un final que, al igual que en Dime quien soy, Julia Navarro sabe girar la tortilla y dejar al lector con la boca abierta. Un final sorprendente, inesperado, intrépido e increíble. El lector no entenderá el enigmático título de esta novela hasta la última línea de la última página del libro, que a mí me puso la piel de gallina.
Una cosa que no me gustó tanto es que, al tratar del mismo problema entre judíos y palestinos a lo largo de tantos años la autora tiende a repetirse mucho en algunas argumentaciones como "podemos compartir esta tierra". También se repiten demasiado expresiones como "sentía un afecto sincero por" que, si bien no me molestaron, al final me sorprendía adivinando los adjetivos que iba a utilizar, y esto acaba cansando.
En conclusión, la nueva novela de Julia Navarro sigue la línea de su antecesora: buena combinación entre la literatura de género familiar y la de género histórico narrado desde la actualidad por alguna razón concreta. Comparte también con su antecesora el final inesperado y brillante. Los dos puntos de vista que ofrecen las narraciones paralelas de las dos familias protagonistas ofrecen una imparcialidad muy valiosa al tratar de una confrontación que aún hoy existe en Palestina. Una joya que, sin duda, os recomiendo. A los lectores que tengan prejuicios con los bestsellers os animo a que le deis una oportunidad.
Título: Dispara, yo ya estoy muerto. Autor/a: Julia Navarro.
Editorial: Plaza Janés. Nº páginas: 916. Precio: 22€
